La prensa publica que la Fiscalía va a perseguir a unos
cuantos impresentables que a través de las redes sociales se dedicaron a
insultar y amenazar a Pilar Manjón cuando el cadáver de su hijo, masacrado en
el atentado del 11M, todavía estaba caliente. De esto hace ya más de 10 años y
ahora estos ilustres señores descubren la maldad y el sadismo de estos fachas.
La propia Manjón ha dicho que se alegra de la noticia, al mismo tiempo que
recordaba que han tardado un decenio en atender sus denuncias.
Me repugna escribir algunas de las miserias que estos
cavernícolas se encargaron de distribuir por las redes. Cualquier interesado puede
encontrar fácilmente esas repugnancias y leerlas. Lo que nadie podrá conseguir
es ponerse en la piel de una madre que es humillada públicamente por haber sido
víctima de un atentado que se llevó por delante a su hijo en la flor de la
vida. Ni para esos miserables lo deseo pero ninguno podremos sospechar ni
remotamente lo que esta mujer y su familia – al igual que las madres y familiares
del resto de víctimas – habrán sufrido al leer las lindezas que estos
desalmados les dedicaban, a la par que asistían al rastrero espectáculo de manipulación
política que escenificaba el partido de la oposición y sus voceros mediáticos.
Y ahora…, ahora que toca perseguir a los que lanzan sus exabruptos
en las redes a cuenta de lamentables hechos que tienen relación con personas del
PP, fundamentalmente de la expresidenta de la Diputación de León, se caen del
guindo rescatando insultos mucho más graves de hace la friolera de 10 años. De
paso podrían abrir diligencias contra todos esos que se exhibían en plazas y
calles con pancartas en las que mandaban a Zapatero con su abuelo o
directamente vinculaban a ZP con ETA. O quizá algo más actual: además de expulsar
de una patada en el culo al señor de Canarias que ha dicho lo del “cojito de la
ETA”, podría también la Fiscalía abrir un expediente informativo por si esas
declaraciones suponen atentar contra la dignidad de una víctima del terrorismo.
Y es que estos
señores, tan trajeados, con sus condecoraciones y medallas,… dan un asco
insoportable. A ver si de una vez por todas somos conscientes de que la
dignidad no la dan ni las corbatas, ni el boato ni las tarimas. La dignidad se tiene
y se pierde por los actos.
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