domingo, 17 de abril de 2011
Sino todo lo contrario.
Adiós, A.D.
Olvida el Sr. Domínguez que muchos empezamos a comprar sus trajes porque rompió con la identificación entre elegancia y encorsetamiento. Dulcificó vestir de traje y supo hacer ropa que compaginaba perfectamente elegancia con comodidad. Para los que pasamos del vaquero a la necesidad de llevar traje supuso un alivio llevar prendas que te hacían distintamente elegante pero sin perder juventud, frescura, comodidad,… En definitiva, rompías con los estereotipos y las viejas formas. Y muchos pagamos bastante más por seguir vistiendo cómodamente elegante y por todo lo que representaba casi inconscientemente llevar un “Adolfo”: el progresismo en la buena costura.
Y esto no lo debería olvidar el Sr. Domínguez. Su negocio pasó a conocer el éxito empresarial porque muchas personas, hombres y mujeres progresistas, decidimos comprar sus prendas. Y lo decidimos porque un sistema democrático permitió que las viejas estructuras tradicionales fuesen, en contra de su voluntad, cediendo paso a otro modelo social en el que nuevos colectivos fueran adquiriendo un determinado poder adquisitivo que les permitía poder pagar bastante más por llevar la ropa de les gustaba y que representaba sus valores.
Adiós. Desde hace más de 20 años todos (y digo bien, todos) los trajes que he comprado han sido de esta firma. En los últimos años, con la venta por Internet, ha entrado otra marca en mi armario pero puedo afirmar sin excederme que a lo largo de mi vida he comprado cientos de prendas de A.D. La última ha sido ese traje que enseñé orgulloso a mi amiga y que me ha hecho conocer las cosas que este señor lleva por su cabeza. Desde hace años me molestaba que en todas las etiquetas apareciese el made in China, India, Vietnam,… La maldita globalización hace que casi toda la producción se lleve hacia estos países exclusivamente por criterios económicos. Y como prácticamente todas las marcas hacen lo mismo, no se le podía reprochar al Sr. Domínguez la deslocalización de sus empresas. Pero que vaya por el mundo justificando sus desatinos empresariales por las políticas progresistas y cargando contra los malditos trabajadores es demasiado. A lo mejor Don Adolfo (quizá esta denominación le empiece a resultar más cómoda) pretende que Europa se parezca a Taiwan, China, Indonesia,… pero los trabajadores europeos seguimos pensado, - creo -, que el movimiento acertado es el contrario, que ellos se parezcan cada vez a nosotros. Y en ese entorno, hay empresas competitivas con los mismos derechos y legislación laborales, que triunfan y cada día venden más. A lo mejor tiene algo que ver la clase empresarial, ¿no?.
domingo, 3 de abril de 2011
¿Dónde vas, querida?.
miércoles, 30 de marzo de 2011
La ilusión del optimismo vital
lunes, 28 de marzo de 2011
Yo no quería pero...
lunes, 21 de marzo de 2011
Ejemplaridad pública de la Iglesia

Huelgan comentarios. Cualquiera que pueda ver un atisbo de justificación en estas tropelías se lo tiene que hacer mirar. Simplemente pertenece al grupo de los malnacidos.
Que haya médicos, enfermeras, comadronas, jueces de paz y funcionarios de juzgados sin alma ni corazón es un problema grave. Pero que la organización que se atribuye la bondad infinita y cuyo fin último es construir personas buenas para hacer un mundo más justo sea capaz de participar, cuando no diseñar, estas barbaridades tiene que hacernos meditar a todos. Ya no vale aquella demagogia barata sobre que en un colectivo tan grande es normal que haya algún desalmado. Admitiendo esta dudosa premisa, lo que no puede tolerarse es el silencio y la complicidad de la organización. Que haya curas y frailes pederastas es un grave problema pero que la Iglesia oculte y hasta justifique estos delitos la hace muy próxima a las organizaciones mafiosas. Que algunos curas, frailes y monjas organizasen una trama para robar hijos a madres rojas para entregarlos con todos los papeles en regla a familias adictas al régimen, es otro grave de la Iglesia pero que oculten y amparen estos comportamientos le hace pasar a la condición de mafia. El fiscal general del Estado está investigando estos delitos; la élite clerical tiene una magnífica oportunidad para desmarcarse de estas abominables prácticas, colaborando con la justicia y poniendo a su disposición todos los documentos y testimonios que posea.
Me impactó un afectado que ahora, a sus casi 50 años de edad, descubre que toda su vida ha sido una mentira; que no era quien pensaba ser, que sus padres no lo son, que sus hermanos son otros, que sueña cómo será un abrazo de una madre,… O esa madre que durante décadas ha ido a rezar y poner flores a una tumba vacía, que su hijo que pensaba muerto allí quizá esté sufriendo el mismo desgarro familiar en otro lugar de España,… Después de 50 años, aunque se encuentren (con los medios actuales no creo que sea demasiado difícil), aunque hagan todo lo posible por superar esa larga y traumática separación, aunque se llamen mamá e hijo, nunca lo serán en el plano sentimental,… Toda una vida separados por la miseria humana de gente desalmada que predica la bondad de Dios.
En una escena de “Pa negre”, la protagonista acompañada de su hijo pequeño se encuentra cara a cara con el responsable del ajusticiamiento de su marido y le dice algo así como “ojalá cuando tu madre te llevaba en sus entrañas la hubiesen echado a los cerdos para que se la comiesen”. Algo así siento por esta gentuza que en nombre de Dios confundieron a muchas madres con la muerte de su recién nacido y han aniquilado la vida de muchas personas que ahora, cuando ya no hay posibilidad de volver a empezar, descubren que toda su existencia ha sido una pura mentira.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Hiroshima y Fukushima

80 años después otro acontecimiento nuclear mantiene en vilo a Japón y al mundo entero. No sabremos sus verdaderas consecuencias hasta unos días, meses o años; quizá nunca sepamos los verdaderos efectos del accidente nuclear porque esta industria se caracteriza entre otras cuestiones por su oscurantismo y falta de información. Pero es evidente que ya desde hoy todas las alarmas mundiales están encendidas por las fugas radioactivas.
Y se ha abierto, por si alguna vez se cerró, el eterno debate pro y antinuclear. Unos dicen que no es el momento de tomar decisiones porque en caliente, con una catástrofe en gestación, no se tendría la objetividad y flema adecuadas. Otros dicen que ahora más que nunca porque han quedado al descubierto las miserias de las centrales nucleares y por los suelos su credibilidad como fuente de energía segura. Merkel toma decisiones estratégicas en caliente y es alabada o acusada, dependiendo de los bandos, de tener las cosas claras o de ser una oportunista política. La comunidad internacional en general pide prudencia y se abona a la idea de no tomar decisiones de forma impulsiva.
En mi opinión, lo cortés no quita lo valiente. De la misma forma que tomar o anunciar decisiones en estos momentos es irresponsable, precipitado o demagógico ( o las tres cosas a la vez), eludir el debate sobre la energía nuclear es pretender ocultar la realidad y hacer caso omiso a las alarmas que nos genera la misma realidad. Por tanto, en mi opinión, debate sí; toma de decisiones, no.
Y también frente a la opinión mayoritaria, creo que no se trata de un debate técnico. Es un debate político, profundamente político. Los técnicos básicamente ya han dicho lo que tenían que decir. Los pronucleares defienden este tipo de generación de energía en base fundamentalmente a la falta de alternativas energéticas que sean suficientes en su capacidad y estables en su generación, al progreso de la tecnología que las hace bastante seguras y a la disponibilidad de la materia prima frente a la dependencia externa de los hidrocarburos. Los antinucleares básicamente que se trata de una energía muy peligrosa en su generación, que es una ciencia todavía poco conocida y que existen antecedentes de catástrofes cuyas consecuencias duran muchos años.
¿Porqué creo que el debate está claramente en el terreno político?. La realidad nos demuestra objetivamente que las centrales nucleares son peligrosas. Cuánto de peligrosas es opinable pero una alarma mundial no se genera gratuitamente. Las centrales son seguras, al margen del problema de los residuos, mientras no ocurra nada extraordinario. Y como el hombre no deja de ser una marioneta cuando la naturaleza nos recuerda que vivimos en un planeta vivo( por mucho que demasiados se crean dioses)cuando se desatan las fuerzas naturales, todo su potencial de peligrosidad se pone en evidencia. Fukushima sólo ha tenido el mérito para ser conocido a nivel mundial gracias a las consecuencias de un gran terremoto, pero ese mérito por desgracia en ocasiones ocurre. Hoy por hoy parecen imprescindibles porque la demanda de energía no podría satisfacerse ni de lejos si apagásemos todas las nucleares. Bien, ahí es donde está el campo político: si ponemos en la balanza su potencial peligroso (coste) y valoramos su necesidad presente y futura (beneficio), las políticas públicas deben optar entre todas las alternativas posibles: potenciación, desaparición paulatina o radical, prohibición o fomento en el futuro,… Y esa es una decisión política.
Queremos un futuro con edificios raros, con matras enormes fumando vapor de agua y bolas gigantescas de hormigón o preferimos feos molinos, placas solares, centrales de biomasa, saltos de agua,…. Hemos avanzado en las energías renovables en pocos años más que en toda la historia; hemos avanzado en el coche eléctrico en escasos cinco años más que en cien años de automoción petrolífera; hemos descubierto en pocos años que una casa en el campo no precisa de un tendido eléctrico para hacerla medianamente habitable,… Esa es la decisión: investigamos en uranio o investigamos en otras alternativas. Inexorablemente parece que el presente debe ser nuclear porque no podemos prescindir de la dependencia del uranio pero... ¿también lo debe ser el futuro?. Y esto es política en estado puro.